Escrito por InFaMe Lunes, 27 de Febrero de 2012 13:40

Es bien sabido que estar en el Distrito Federal y subirse a un microbús para transportarse es un asunto digno de respeto. Uno tiene que arriesgarse a pagar la tarifa que se le venga en gana en ese momento al operador, el cual, dicho sea de paso, siempre lleva prisa cuando uno no la lleva y tiene calma cuando uno lleva prisa.
Cuando pasa lo primero, el chof no tiene empacho en pasarse los altos, hacer descensos en segunda o tercera fila y apurar tanto a los que suben como a los que bajan, debido a que va perdiendo en las carreritas contra otro microbusero. Esta situación se vuelve mucho más estresante cuando ademas le acompaña su asistente, comunmente llamado "cacharpo" con quien habla de sus aventuras en fiestas, borracheras y con mujeres, regularmente en palabras altisonantes y a muy alto volumen, ya que el reggaeton suena en su estereo a todo lo que da y les impide tener su conversación a volúmenes humanamente estandarizados.
El cacharpo puede ser sustituido por una bella adolescente, regularmente peinada de flequito, con brillantina en el cabello, pantalones ajustados, y tenis de trapo; misma que motivará al operador a realizar sus mejores acrobacias al volante para dejarla impresionada debido a que en ese acto, con todas sus rarezas, se vive una escena de cortejamiento urbano entre ambos.
















